viernes, 12 de julio de 2013

Frágiles

Irregular, pero atractiva.
Frágiles fue una gran sorpresa para los españoles que aman el cine de terror, pues descubrió que aquí también somos capaces de dar miedo igual que hacen los americanos y los asiáticos. Parece una gilipollez, pero es que antes de Frágiles, pocos sabían que pudiera hacerse.

Jaume Balagueró se subió al caballo de la fama con esta película. Aunque su verdadero pelotazo llegó con REC, aquí su nombre empezó a acaparar algunas miradas. Algo lógico viendo su buen hacer tras las cámaras cuando se enfunda el traje de cineasta de terror puro y duro. Balagueró sabe jugar tanto con el espectador como con los personajes, hacer que se cojan de la mano y recorran juntos las pesadillas que plantea. Aquí, en Frágiles, el cineasta catalán nos presenta una historia relativamente sólido que no disimula su gusto por el cine de terror oriental, de donde bebe tanto en la selección de planos como en la última parte del guion. La diferencia es que aquí el guion se sostiene durante todo el metraje apoyándose en el desarrollo del personaje principal, que si bien no experimenta un gran cambio personal, sí sirve de pasillo para que la película vaya desplegándose a los ojos del espectador. Los sobresaltos que ofrece Balagueró son de manual, de los de toda la vida, pero no por eso hay que restar mérito a la audacia con la que los prepara y sobretodo a la eficiencia con la que los ejecuta. Por último, hay que destacar la labor de iluminación y algo que, para mí, es de lo mejor en esta ocasión: el montaje.

Calista Flockhart hace una gran labor cargando a su espalda media película. Si bien es cierto que hay algún momento en el que el estado de nervios de su personaje la lleva a sobreactuar ligeramente, también es de rigor reconocer que es mucho lo que se le pide a la actriz que encarnó a la mítica Ally McBeal y que ésta cumple con creces dentro de sus limitaciones. La joven Yasmin Murphy deja tras de sí un buen trabajo que, tras revisarlo, evidencia que no es ningún gran reto interpretativo ni para una niña, pues se compone de dos emociones muy básicas. Elena Anaya, nuestra representante frente a las cámaras, hace un ejercicio solvente sin demasiado que destacar. Richard Roxburgh, el buen doctor, va de menos a más a medida que su personaje va ganando espacio.

Resumiendo, que es gerundio: Frágiles no es la mejor película de terror de tal, tal, tal... pero sí es una producción atractiva, construida desde un guion sólido y bastante libre, apoyada en una buena dirección (magistral, por momentos) y completada con interpretaciones muy dignas. Además, cuenta con una ambientación y un "nosequé" la mar de llamativos.


7/10

miércoles, 10 de julio de 2013

The Purge: La noche de las bestias

¿Cine zombi?
The Purge es el nuevo fenómeno cinematográfico americano. Una película llamativa por su violencia que podrá gustar o disgustar, pero es incapaz de dejar indiferente a nadie.

James DeMonaco escribe y dirige The Purge. El cineasta nacido en Brooklyn hace su segunda incursión en la dirección tras un debut cuestionable con Staten Island y aquí su labor en ese apartado es bastante irregular. DeMonaco hace bien el trabajo de describirnos la casa con imágenes de forma correcta, permitiendo así que el espectador conozca el campo de batalla en el que se encuentra, pero debido a esa necesidad de ubicar al público, se mete en un zarzal bastante soseras durante el segundo tercio de la película. La música de tensión (aunque yo la llamaría simplemente ruido estridente) intenta que el miedo de los personajes pase al espectador aunque a mí, personalmente, lo único que me transmite es mala hostia, pues durante muchos minutos es totalmente innecesaria. Esos son para mí algunos de los errores más potentes de DeMonaco que, sin embargo, hace un trabajo notable con el guion (hay que recordar que la mayor parte de su carrera la ha pasado trabajando con guiones), estructurando los acontecimientos y disponiéndolos de manera correcta para obtener un resultado fluído. Sin embargo, donde realmente sobresale James DeMonaco y donde da la campanada es en la última parte de la película, mostrando una audacia sobrehumana para filmar la violencia, moviéndose por la oscuridad saltando de asesinato en asesinato pasando por guiños a los clásicos del cine slasher y viajando a un campo tan diferente como son los videojuegos, ofreciendo planos pistola (o cañonazo) en mano que recuerdan a clásicos como Doom y tomándose la licencia de jugar con un ambiente de cine zombi para dar dinamismo a los mejores minutos de la película.

Ethan Hawke, amigo personal de DeMonaco, protagoniza gran parte de la película con un trabajo serio aunque más pendiente de sí mismo que de los sentimientos de su personaje, importantísimos en esta ocasión. Lena Headey se muestra comprometida con su papel, aunque su personaje parece pasar de puntillas por algunas fases de la película y eso la encadena, dándole al final un respiro para que se libere, un respiro que la actriz británica aprovecha (y de qué manera) para regalarnos uno de los mejores momentos de The Purge. Max Burkholder, joven actor que, sin embargo, cuenta ya con bastante experiencia (sobretodo poniendo voz en películas de animación) está soberbio y consigue que el propósito de su director de jugar con la moral de su personaje se vea reflejado. Adelaide Kane nos deja el trabajo más pobre del reparto, a pesar de que tiene a su disposición el personaje que más facilidades tiene para mostrar sus sentimientos frente a las cámaras. La actriz australiana no aprovecha eso y se encierra en una labor bastante rígida. Rhys Wakefield, en su papel de villano absoluto, intenta ser tan frío que por momentos se mueve peligrosamente en la línea del ridículo. Edwin Hodge es el ejemplo del cómo a veces menos es más; su trabajo, basado en la expresión facial, es sobresaliente. Por último, destacaría a Arija Bareikis, espléndida en sus dos apariciones y un fabuloso ejemplo de lo que es acertar con el casting.

Resumiendo, que es gerundio: The Purge es un boom pretendido. DeMonaco sabía qué película quería hacer y la ha hecho. Con un reparto acertado en líneas generales, un trabajo tras las cámaras brillante en los puntos calientes de la película y un guion sólido (aunque absurdo), lo único que la condena a no ser una gran película es la facilidad con la que se va apoderando de todos los tópicos habidos y por haber para, por momentos, convertirse en un aburrido thriller sin demasiada miga que olvida su premisa para centrarse en su autocomplacencia.


6/10

martes, 2 de julio de 2013

Misery

Spoiler: Misery muere
Misery adapta una novela de Stephen King y lo hace convirtiéndose en un clásico del cine de tensión. Aunque por lo general lleva puesta la etiqueta de cinta de terror, lo cierto es que ese no es exactamente el género en el que se mueve a pesar de que acojona bastante.

Rob Reiner dirige esta adaptación y lo hace mostrando un exquisito y retorcido gusto macabro que da a Misery la potencia que necesita, pues el guion de William Goldman (guionista habitual de Reiner) no es ninguna maravilla. A pesar de que Goldman no muestra errores de bulto, lo cierto es que tampoco presenta nada que merezca mención especial, pues limita mucho la historia y deja que se mueva por inercia sin ofrecer novedades de gran calado durante el desarrollo que el espectador no intuya con anterioridad. Es por ese motivo por el que el trabajo de Reiner es tan meritorio, pues es él quien construye la atmósfera de Misery y quien convierte los primeros planos y los encuadres de los dos personajes principales en tramos imprescindibles de ese camino hacia la locura que es Misery. El ejercicio de tensión de Reiner es de matrícula de honor, midiendo los tiempos a la perfección para meter el nervio, la incertidumbre y el miedo en el espectador pasando de un estado a otro de forma progresiva pero siempre con alguna escena importante marcando los giros.

James Caan, un actor como la cima del Everest, protagoniza la película siendo el "bueno" y bordando cada centímetro de su personaje, algo nada fácil cuando accedemos a la terrorífica situación que le toca vivir. La "mala" está interpretada por esa gran actriz llamada Kathy Bates, una mujer capaz de ser el personaje más encantador del mundo o el monstruo más capacitado para poblar tus pesadillas y que se mueve en todos los matices entre esos dos extremos con una facilidad pasmosa y, sobretodo, con una naturalidad casi inhumana, válgame la contradicción. Aunque entre Caan y Bates se reparten casi todo el protagonismo, no puede uno dejar de nombrar a esa figura maravillosa que es Lauren Bacall. Sin embargo, a pesar de que los tres nombres que ya he nombrado son grandes del séptimo arte, para mí es imposible no seguir asombrándome con la magnificencia de una de mis debilidades de este maravilloso mundo y que, aquí, está soberbio como siempre: Richard Farnsworth.

Resumiendo, que es gerundio: Misery es un ejercicio de tensión muy cuidado tanto por estética como por ritmo que se apoya en las interpretaciones de la pareja protagonista para ganar puntos de cara a incomodar al espectador, pero carece hasta cierto punto de frescura y eso al final frena un poco su resultado como trabajo coral.


Puntuación sobre 10: 7

lunes, 1 de julio de 2013

1408

Irregularidad extrema
1408 adapta un relato de Stephen King, uno de los escritores que más veces ha visto sus obras llevadas a la gran pantalla. En esta ocasión, asistimos a un relato claustrofóbico entre las cuatro paredes de la habitación 1408.

Mikael Hafström, director sueco respetado por el público y por la crítica, se pone al frente de 1408. Su labor es brillante y pésima. Así, sin más. No encuentra término medio en ningún momento. Hafström consigue con espeluznante realismo inventar escenas que ponen los pelos de punta e imprime una velocidad de vértigo a su película, consiguiendo un clímax de más de una hora de duración en el que los efectos especiales y la perfecta utilización de los travellings se convierten en armas de acojonamiento masivo. Sin embargo, el director patina y de qué manera a la hora de dar credibilidad al absurdo guion de Matt Greenberg, Scott Alexander y Larry Karaszewski; un guion plagado de sinsentidos que, teniendo todo de cara para no tener que explicarse, se enreda en absurdas divagaciones mentales del personaje a las que se les intenta dar razón en el anticlímax. Además, la historia se convierte en una retahila de repeticiones con alteraciones ligeras, lo que nos da la sensación de estar viviendo en un bucle del que únicamente la labor de Hafström en la vertiente más terrorífica de la película consigue sacarnos.

John Cusack es y siempre será un actor para todo. Comedia, drama, terror... no importa, es John Cusack. El abanico de tics de Cusack es casi infinito y el actor siempre sabe elegir el mejor para cada momento. Además, en 1408, es él quien carga con la totalidad de la carga dramática, pues los buenos trabajos de Samuel L. Jackson o Mary McCormack no son más que simples añadidos cuyos personajes no ofrecen nada al espectador.

Resumiendo, que es gerundio: 1408 es una película fabulosa y mediocre a partes iguales. Da la sensación de que, si se pudiera extirpar la mierda, quedaría un gran trabajo por parte de un interesante director; pero las películas son packs en los que intervienen muchos factores y pese a la interesantísima demostración de poder de Mikael Hafstrom, encontramos que el suyo es un ejercicio resultón que no encuentra una base sólida sobre la que poder brillar. El pack, uniendo todas sus partes, es bastante pobre.


Puntuación sobre 10: 5

lunes, 24 de junio de 2013

Retratos del más allá (Shutter)

Toma gilipollez...
Retratos del más allá es un remake de una película tailandesa titulada Shutter que sigue fielmente las líneas maestras del terror asiático.

Masayuki Ochiai, director japonés al que la crítica del país del sol naciente había encumbrado unos años antes, se pone al timón de este remake. En Estados Unidos están el béisbol, el básket, el fútbol americano, el hockey y los remakes. Esos son los deportes nacionales. Cosa que destaca y que no lleva las barras y estrellas en la bandera, cosa que se remakea. Ochiai demuestra que sí, que es lógico que la crítica tenga buenas palabras hacia él, sobretodo teniendo en cuenta que para los japos las pelis de terror en las que sale una chica con una bata blanca son como para los españoles los films de la posguerra. Ochiai se dedica a seguir las pautas del subgénero nacido en Japón y eso lo hace bien, lo que pasa es que ya ni sorprende, ni acojona ni nada de nada. Cuando la cámara empieza a moverse, el espectador sabe en qué momento le van a colar el susto de turno, con lo que la palabra "susto" pierde todo sentido. Quisiera decir, ya que estoy, que la estética de la película pide a gritos un par de filtros de color, a modo de impresión personal.

Joshua Jackson (ese, el de Fringe) es el protagonista masculino y su trabajo deja bastante que desear. Hay actores que necesitan el espacio de una serie para poder apoderarse de un personaje y, en el caso de Jackson, eso es más que evidente. Rachael Taylor es la mejor de la película a años luz del resto: se implica con su personaje, sufre y por momentos da gusto ver cómo rema a contracorriente para intentar levantar la película. Megumi Okina interpreta a la asiática de la bata blanca y el pelo tapándole media cara. La actriz cambia en cada película, pero el personaje es siempre el mismo y el nivel de las intérpretes es siempre entre lamentable y responsable de suicidios.

Resumiendo, que es gerundio: Retratos del más allá es otro remake de mierda de otra película de terror asiática. En este caso, no he visto la original (aunque lo haré), pero a poco que me saquen a un mono bailando vestido de bombero (¡Pankun!) ya aseguro que será mejor que el remake.


Puntuación sobre 10: 2

Los caballeros las prefieren rubias

Verdadero clásico
Los caballeros las prefieren rubias adapta una novela de Anita Loos para convertirse en una comedia clásica que, deste la parte de atrás de las cámaras hasta la de delante, destila litros y litros de humor.

El gran Howard Hawks dirige la película y lo hace introduciendo algunos gags que crearon escuela. Muchos de ellos los habíamos visto antes en comedias puras, pero encontrarnos con ellos en una de las madres de la comedia romántica como género era algo totalmente nuevo, pues aquí antes tenía cabida, solamente, un humor más fino y delicado dirigido mayormente al público femenino. Sin embargo, el guion de Charles Lederer nos prepara el terreno para que los disparates más grandes tengan espacio y Howard Hawks los ejecuta con maestría, arrancando carcajadas a cada minuto. Los personajes cumplen todos los estereotipos posibles, pero la mezcla está calibrada con precisión de cirujano para que no sobre ni falte nada en ninguno de ellos ni en ese gran personaje que es la historia en sí misma y que se forma cuando el trío protagonista logra acoplarse a la perfección. Los vivos colores, que juegan con las diferentes formas de ver la vida de las dos protagonistas femeninas, dejan paso en ocasiones a tonos más pálidos que denotan la seriedad con la que deben llevarse a cabo las comedias.

Marilyn Monroe, esa auténtica bomba de relojería, protagoniza la película, una de sus obras más conocidas y seguramente uno de sus mejores trabajos a nivel personal, pues sabe controlar los matices de su personaje aunque éste no se aleje demasiado, en principio, a la imagen que tenemos de la prestigiosa actriz. Jane Russell consigue sacar partido a su personaje y brillar con luz propia, algo complicadísimo cuando se comparte pantalla con una persona con tanto carisma como Marilyn y lo hace gracias a una seguridad en sí misma apabullante. Elliott Reid, un actor del viejo Hollywood de los que más que talento tenían presencia y cuatro caras distintas que utilizaban con verdadero acierto, está correcto y poco más. La interpretación del graciosísimo Charles Coburn es un verdadero regalo para el espectador.

Resumiendo, que es gerundio: Los caballeros las prefieren rubias es una grandísima comedia romántica que cuenta con tres nombres de envergadura comandando el cartel, entre los que destaca el de Marilyn Monroe, una de las más grandes y el ejemplo más claro de que no es necesario tener más pecho que trasero para ser una mujer de una belleza legendaria.


Puntuación sobre 10: 7

miércoles, 19 de junio de 2013

La semilla del mal

Interesante comedia
La semilla del mal se vende como película de terror. Sin embargo, habría que saber diferenciar los sustos puntuales del terror puro y duro. Porque a mí, que soy un caguetas, la película me deja indiferente.

David S. Goyer es un tipo raro. Aquí se casca una película en la que lo único que merece la pena es el tráiler. ¿Por qué? Muy sencillo: porque en el tráiler se pueden meter un par de sustos en unos 15 segundos y así dar a entender que te vas a pasar la interminable hora y media que dura la película con el culo apretao'. La realidad es muy, muy distinta, pues Goyer se inventa un guion que bebe directamente del cine japonés, con explicaciones de una absurdidad mayúscula y lo pone en pantalla con un trabajo lamentable tras las cámaras, buscando el susto fácil. Una cosa hace bien como director, el buen hombre: utiliza bien el sonido para crear tensión. Por desgracia, la tensión se difumina para dejar paso a una comedia involuntaria que va dejando en evidencia a Goyer a medida que pasan los minutos. El color de la película, sobretodo al final, recuerda a la estética de algunas de las peores películas de los últimos años. Demasiado gris verdoso, pesaos, que sois unos putos pesaos. Lo jodido es que David S. Goyer es el autor de la base de las películas de Christopher Nolan sobre Batman... aunque claro, también es el guionista de Kickboxer 2 o las pelis de Ghost Rider. Además, dirigió la infumable Blade Trinity.

Odette Yustman es uno de tantos ejemplos del "sé guapa y tendrás un lugar en Hollywood". De actriz tiene poco, sin duda, o si lo tiene lo lleva escondido en el bolsillo. La chica sí, muy mona y tal, pero seguro que hay chicas monas, chicas normales o chicas gorditas que tienen más talento. La eligieron a dedo, supongo. Cam Gigandet, un crepusculito, aparece como novio de la protagonista y, a decir verdad, no lo hace del todo mal teniendo en cuenta la cantidad de mierda que tiene a su alrededor. Meagan Good, tres cuartos de lo mismo: scream queen que ni scream ni queen. Interpreta a un personaje refrito de tanto usarse y lo hace ya no sin aportar nada, sino restando puntos. Y ahora llega la pregunta: ¿qué coño pinta Gary Oldman aquí? No, en serio, es verdaderamente desconcertante. Un pedazo de trozo de cacho de actor como Gary Oldman, metido en un bodrio gigantesco. El hombre en su línea, claro. Cuando está en pantalla, hasta parece que estemos viendo algo decente. Cierra el reparto de los mayores el peculiar Idris Elba, que está por encima de la media. Atticus Schaffer, el pequeñajo de la serie Malcolm, está por ahí con semblante serio bastante correcto.

Resumiendo, que es gerundio: en una semana he visto aberraciones del tamaño de The Choke y The Tattooist, y en ambas he tenido la sensación de que un niño podría mejorar el resultado de esas películas. Aquí, vamos un paso más allá, porque tenemos a Gary Oldman en el reparto, ni más ni menos. Un niño trabajando con un buen actor, saca algo mejor que este mierdo que es La semilla del mal. Pero fijo, vamos... El niño sujetando la cámara, y Oldman haciendo un monólogo. Fin. Exitazo. Obra maestra. ¡Genio!


Puntuación sobre 10: 1